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Cuando una ciudad empieza a trabajar como un solo proyecto


Hay un momento curioso cuando uno llega a una ciudad por primera vez.

A veces ocurre en algo tan simple como cuando alguien en la calle te da una indicación con una sonrisa. O cuando el mesero recomienda con orgullo un plato local. O cuando el recepcionista del hotel habla de su ciudad como si estuviera contando una historia personal.


En esos pequeños momentos aparece una sensación difícil de explicar: que ese lugar funciona como un conjunto.


No es solo un buen hotel o un restaurante interesante. Es algo más amplio. Como si muchas piezas distintas estuvieran alineadas.


Y casi siempre, cuando eso ocurre, hay algo detrás.


Algo que en el mundo del desarrollo de ciudades se conoce como mercadeo territorial.


Mucho más que promocionar un destino

Durante años se pensó que promover una ciudad o un país consistía en crear campañas turísticas: un logo, un slogan y algunas imágenes atractivas.


Hoy sabemos que el mercadeo territorial es mucho más complejo.


Se trata de cómo un territorio, una ciudad, una región o un país, organiza su identidad, su oferta y su visión de futuro para proyectarse hacia el mundo.

No solo para atraer turistas.

También para atraer:


  • inversión

  • talento

  • eventos internacionales

  • empresas

  • oportunidades económicas


Pero hay una condición fundamental:

👉 Ningún lugar puede construir una buena reputación hacia afuera si primero no funciona bien hacia adentro.


Primero un buen lugar para vivir

Los especialistas en place branding llevan años señalando algo importante.

Simon Anholt, uno de los pioneros del concepto de marca país, lo resumía así:

“The best place branding is not about communication. It is about policy, governance and reality.”

En otras palabras: la reputación de un lugar no se crea en la publicidad, se crea en la experiencia real del territorio.


Cuando una ciudad mejora sus espacios públicos, impulsa su cultura, fortalece su gastronomía o cuida su patrimonio, no solo se vuelve más atractiva para los visitantes.


Se vuelve mejor para quienes viven allí.


Y esa coherencia se percibe.


Nadie construye la marca de una ciudad solo

A diferencia del marketing de una empresa, donde una organización controla la estrategia, en el caso de los territorios, el proceso es mucho más complejo.


La identidad y reputación de un lugar se construyen entre muchos actores:


  • gobiernos locales, regionales o nacionales

  • entidades de promoción turística

  • agencias de inversión

  • cámaras de comercio y gremios

  • hoteles y operadores turísticos

  • dueños de alojamientos

  • restaurantes y bares

  • organizadores de eventos

  • universidades

  • empresas locales

  • emprendedores

  • ciudadanos


Cada uno de ellos aporta una parte de la experiencia del lugar.

Un visitante no experimenta una campaña. Experimenta la ciudad cuando:


  • llega al aeropuerto

  • entra a un hotel

  • conversa con alguien en la calle

  • se sienta en un restaurante

  • o asiste a un evento cultural


Por eso, la reputación de un destino se construye en miles de interacciones pequeñas.


El verdadero reto: trabajar juntos

Aquí aparece uno de los mayores desafíos del mercadeo territorial.

Si el posicionamiento de una ciudad depende de tantos actores, entonces la clave no está solo en diseñar una estrategia, sino en lograr que todos trabajen en la misma dirección.


Y eso no siempre es fácil.


Cada institución tiene sus prioridades. Cada empresa tiene sus intereses. Los tiempos de la política no son los mismos que los del sector privado.


Por eso, uno de los conceptos más importantes en place branding hoy es la gobernanza del territorio.


Investigadores como Mihalis Kavaratzis o Sebastian Zenker han insistido en que el branding de ciudades solo funciona cuando existe coordinación real entre actores públicos, privados y comunitarios.


No basta con campañas. Hace falta gestión colectiva del territorio.


Las nuevas tendencias del place branding

Esta visión colaborativa se ha vuelto aún más relevante en los últimos años.

De acuerdo con análisis recientes del sector, como el publicado por The Place Brand Observer sobre las tendencias que están moldeando el place branding hacia 2026 (https://placebrandobserver.com/key-trends-shaping-place-branding-in-2026/), algunas transformaciones son claras:


1️⃣ Más gobernanza, menos marketing superficial

Los destinos están entendiendo que la reputación depende más de cómo se gestiona el territorio que de cómo se comunica.


2️⃣ Experiencia real sobre narrativa

La experiencia del visitante, del inversor o del talento se convierte en el verdadero test de la marca.


3️⃣ Participación de comunidades

Los residentes ya no son solo espectadores de la marca del territorio. Son cocreadores de su identidad.


4️⃣ Integración entre desarrollo económico, turismo y calidad de vida

Las ciudades más competitivas están conectando sus estrategias de turismo, inversión y talento dentro de una misma visión.


(Fuente: The Place Brand Observer, 2026 trends in place branding)


Un proyecto que pertenece al territorio

Cuando todo esto funciona, ocurre algo interesante.


La promoción deja de ser el centro de la estrategia.


La verdadera marca del lugar empieza a construirse en la experiencia cotidiana.

En cómo se recibe a los visitantes. En cómo las empresas locales se sienten parte del proyecto. En cómo los habitantes hablan de su ciudad.


Los destinos más fuertes no son necesariamente los que tienen las campañas más grandes.


Son los que logran algo mucho más difícil:


👉 Que sus instituciones, empresas y ciudadanos trabajen juntos en un proyecto de territorio compartido.


Porque al final, el verdadero objetivo del mercadeo territorial no es solo vender un lugar.


Es construir un lugar donde muchas personas quieran vivir, invertir, visitar… y del que se sientan orgullosas.

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